MEMORIAS DE LA SABINA - COLECCIÓN CERO

Es difícil expresar en pocas palabras todo lo que contiene este proyecto, todas las vivencias, recuerdos y sensaciones que le han ido dando forma...

La naturaleza es mi mayor inspiración y la principal ventana por la que aprendí a contemplarla y amarla ha sido mi querida Ibiza, compañera de tantos veranos desde mi infancia, con su luz, sus aguas amigables llenas de vida y color, su tierra, sus piedras, su paisaje y sus tradiciones. Ibiza no ha sido solamente ese lugar donde escapar cada verano, ha sido mucho más, se ha metido bajo mi piel, ha condicionando mis gustos, mis aficiones, mi idea de lo que es disfrutar de la vida, de lo valioso y lo bello. En ella he aprendido a contemplar, a encontrar tesoros escondidos en lo pequeño y cotidiano. He aprendido la belleza de vivir en armonía con esa naturaleza viva y generosa, cogiendo lo que me daba sin codicia, sin menoscabarla, respetándola como esa Obra de Arte suprema que me permite participar de su fuerza vivificadora adaptándome a ella.

Por eso hemos bautizado a esta primera colección como “Memorias de la Sabina”, por este árbol típico de Ibiza, que desde antiguo se ha adaptado como ningún otro a su clima y a su entorno… La sabina permanece firme como una bandera auténtica frente a esa Ibiza vendida a las multitudes, falsificada y artificial, que parece avergonzarse de sus tradiciones y de su identidad. Frente a esa Ibiza que se pierde engullida por la noche y las luces de discoteca, queremos volver a mirar por esa ventana primigenia, recuperar el tiempo tranquilo y humano, encontrar la luz , la calidez y el color… encontrar por medio de ella esa armonía que tanto se añora, ese lugar al que pertenecemos, nuestro lugar en el mundo. El poder de la naturaleza está en su belleza y en su verdad, en lo que nos dice de nosotros mismos, de nuestra propia y particular naturaleza humana, tan anestesiada, tan anquilosada por la rutina y la vorágine del mundo moderno.

“Memorias de la Sabina” nos invita a parar para hacer memoria, para volver a encontrar la simplicidad dentro de nosotros, para volver a contemplar la naturaleza, dejarnos amar por su belleza y amarla nosotros como respuesta. Nos invita a soñar con ese sol que baja lentamente cada atardecer, para descansar sobre el mar inmenso y colorido, que parece haber teñido de rojo tantos paisajes ibicencos, rocas, tierra, arena… que podamos llevarnos esa armonía a nuestro hogar, casi como un amuleto, como un recordatorio que nos ayude a no perder la memoria, a no dejar de contemplar, una luz, una ventana desde la cual nuestra vida se verá siempre nueva.